En este proyecto nos enfrentamos al reto de transformar una vivienda antigua, vandalizada y prácticamente en ruinas en un apartamento turístico acogedor y atrayente, pero con un presupuesto ajustado al milímetro.
Para conseguirlo, centramos nuestra atención en el principal atractivo de la vivienda, sus espectaculares vistas sobre la bahía de Santander.
Demolimos por completo la tabiquería para pasar de una vivienda compartimentada y sin conexión visual ni funcional, a un espacio abierto inundado de luz, con una gran zona social con vistas sobre la ciudad.
Sobre una base neutra que multiplica la luminosidad del espacio, el color se utiliza como un recurso económico para zonificar y dar carácter al interior, destacando espacios y sirviendo como hilo conductor del conjunto.